lunes, 11 de octubre de 2010

Toma tu premio

 

 Garcia Marquez se dirigió a Vargas Llosa con los brazos abiertos. ¡Mario...! Fue lo que alcanzó a decir porque Vargas Llosa lo recibió con un golpe seco que lo tiró sobre la alfombra con el rostro bañado en sangre. El colombiano no lo vio venir, pero después entendió que era el comienzo de una larga disputa.

El idilio amistoso y creativo se fue al traste con un certero puñetazo en el ojo del colombiano durante un estreno cinematográfico. Los dos silencian. Pero treinta años después, sigue cada uno en su esquina del cuadrilátero de la eterna hostilidad, con los brazos cada vez menos firmes para el derechazo y con menos argumentos para levantarlos.

Las desavenencias entre Mario Vargas Llosa y su segunda esposa, su prima, Patricia Llosa, tuvieron la culpa del enfrentamiento. Según el fotógrafo mexicano Rodrigo Moya, "mientras ambas parejas vivían en París, los García Márquez habían tratado de mediar en los disturbios conyugales" del autor peruano y su mujer "acogiendo" las confidencias de aquél. Cuando los Vargas Llosa se reconciliaron él supo que sus secretos se habían revelado y se sintió "gravemente ofendido".

En su libro de memorias "Siempre un extraño", el periodista dejó entrever que entre los motivos estuvieron los celos, por unos supuestos consejos que había dado "Gabo" a Patricia cuando esta tenía problemas conyugales. Y a pesar de que se pensaba que no existía ninguna evidencia del incidente, más allá de los testimonios difusos y confusos, hace tres años el fotógrafo Rodrigo Moya publicó en México dos fotografías en las que se ve a García Márquez con los efectos del golpe recibido. En esas tomas, aparecidas en el diario La Jornada cuando "Gabo" cumplió 80 años, se ve al autor de "Cien años de soledad" con el ojo izquierdo amoratado.

Moya, fotógrafo mexicano de origen colombiano, señaló que tomó la imagen el 14 de febrero de 1976, dos días después del puñetazo, porque García Márquez "quería una constancia de aquella agresión". Recordó que le preguntó al escritor qué había pasado y éste fue "evasivo" y "atribuyó la agresión a las diferencias" que ya eran insalvables en la medida que el autor peruano "se sumaba a ritmo acelerado al pensamiento de derecha".

Pero fue Mercedes Barcha, la esposa de "Gabo", quien hizo un comentario más elocuente: "Es que Mario es un celoso estúpido, repitió Mercedes varias veces, cuando la sesión fotográfica había devenido en charla o chisme", según Moya.

Hace dos años, Vargas Llosa volvió a ratificar que tiene "un pacto tácito" para no hablar sobre García Márquez, con la intención de "darle trabajo a los biógrafos".

"Que los biógrafos averigüen, que ellos descubran, que digan que pasó", señaló al ser preguntado por las causas del incidente que le puso fin a una de las amistades más memorables de las letras hispanoamericanas.

Sin embargo, ahora el Premio Nobel ha confirmado que, más allá de las discrepancias, sus vidas y sus carreras siempre confluyen y se mantienen unidas, desde su lejana juventud de afanes literarios. Ahora consagrados y juntos, para siempre, en el parnaso de la literatura universal.



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