miércoles, 24 de noviembre de 2010

Plataformas y algo mas.


Del éxito del Facebook a nuevas plataformas, minimalismo para la hambrienta sociedad postmoderna.
Mark Zuckerberg se pasea por las aulas y los dormitorios de la universidad pensando y observando. Estudiando a la gente, que le gusta a ella, que no le gusta a él, preocupado siempre por los intereses ajenos, como si en su cabeza se estuviera engendrando una idea macabra y globalizadora, totalitaria, pero diferente. Con intenciones de generar una unión entre la socialización y el ciberespacio, este sujeto aparentemente tranquilo y aparentemente inofensivo se trae algo entre manos.
Ya sea en la fraternidad Alpha Epsilon Pi, en los dormitorios con sus amigos o en cualquier lugar de la universidad que ayudara a alimentar su inspiración, Mark interiorizo algunso conceptos y empezó a desarrollar programas que ayuden a los demás, pero que también eventualmente lo ayuden a él con la absolutamente necesaria tarea de socializar. Quería permitirles a los estudiantes ver la lista de otros compañeros de clase, y que estos tengan interacción y pueda verter opiniones sobre esto en sus programas, los cuales empezó a acrear durante sus años universitarios. Como todo buen programador sabia que lo que necesitaba era dar el gran salto, es decir, meterse en problemas. Depsus de crar algunso programas el Departamento de Servicios Informáticos de Harvard llevó a Mark Zuckerberg ante la administración con cargos como infringimiento de la seguridad informática y violación de las políticas de privacidad y de propiedad intelectual.[4]
Harvard insistió en que el joven Zuckerberg había hackeado el sistema Internet de la universidad para alterar imágenes de los estudiantes sin autorización y para su propio beneficio [cita requerida], algo que era falso. En una biografía no autorizada sobre él, se sugiere que Zuckerberg, al sentirse rechazado como estudiante, hizo pública la lista completa de las imágenes de sus compañeras universitarias, las cuales extrajo del Directorio de estudiantes.
Zuckerberg declaró que pensaba que la información debía ser libre y abierta al público. Las acciones tomadas por el Consejo Administrativo de Harvard en este asunto no se hicieron públicas. En 2004 Zuckerberg creó Facebook y se ausentó un año de la Universidad. Un año después abandonó la carrera.
Zuckerberg el dia de hoy
Minimalista, menos formal, así ha definido el servicio de correo que Mark  ha presentado hoy.
 "El correo no necesita nuevas funciones, necesita menos ", y esta será la filosofía del servicio. No será un sistema que "asesine" las ofertas ya existentes. "Que nadie cierre su Yahoo!, Hotmail o GMail".
De nuevo, saber tanto sobre los usuarios y sus costumbres tiene doble filo. Por un lado, permite darles lo que desean, mejorar la gestión de los correos no deseados y priorizar entre lo importante y lo anecdótico. Por el otro, vuelve a poner de manifiesto un cuestionable manejo de la privacidad.

Version cinematografica

Es una de las películas más esperadas del año, se trata de The Social Network, en algunos países del mundo ya están siendo privilegiados, muy aparte de que sea buena o mala, muchos otros países están esperando su llegada a las pantallas de cine. Está dirigido por David Fincher y así como otras películas que hizo, las críticas que le hicieron coinciden en que más que enfocarse en el fenómeno que representa Facebook, en cómo cambió el mundo, se centra en los trapos sucios y hasta parece una telenovela mexicana, por supuesto que varias veces mejor.

En Mashable consideran que esto se deba a que al final le pusieron un rostro a los orígenes de la red social, el retratar unos orígenes no santos y llenos de problemas, lo único que han logrado es atraer a la juventud, algo que no se esperaba luego de tanta crítica, con lo que podemos concluir que seguramente la película aumente todavía más el hype y la base de usuarios de Facebook.



Del Novel al Humanismo

Aprovechamiento Mediatico
Entro al salón airoso y decidió a explorar temas muy humanos y con una ferviente voz declaro lo que varios no pueden, por temor a represalias. En sus ojos se expresaba una necesidad de devolver, pero si se desea hasta con cierta honestidad o hasta una mayor intención de verdaderamente generar un cambio esta vez.
El Nobel de Literatura hizo estas reflexiones tras recibir el Premio a la Defensa de la Libertad de Expresión y de los Valores Humanos de manos del vicepresidente del Gobierno y ministro del Interior español, Alfredo Pérez Rubalcaba, en un acto celebrado en el Real Teatro de las Cortes de San Fernando (Cádiz, sur de España).
Haciendo uso de su palabra, que sin duda es su mejor arma, y aprovechando toda la demanda mediática que emana su persona en este momento, Vargas Llosa se ha encargado de explorar algunos temas un poco menos tradicionales. Un ejemplo de esto es su artículo en El Comercio el día domingo. En este el escritor peruano inicia un debate pro legalización de la mariguana en donde explica sus razones por las cuales esta sustancia ilegal debería pasar a la legalidad. Algunos de sus argumentos son que esto acabaría con el mercado negro y la micro comercialización. Un gran dilema que el escritor supo abordar con bastante madurez.
Acabo de ver a Vargas Llosa entrar al Instituto Cervantes, acabo de verlo pasar con una cara que no es la de siempre, es decir la de los medios, la del hombre rígido que parece cansado de circular tantas veces por las mismas verdades. Algo se ha alivianado en el rostro del escritor. Veo paz, cierta liberación, como si de pronto se hubiera sacado de la espalda una mochila de treinta kilos y ahora se sorprendiera de la facilidad con la que mueve los hombros.
Es que a Vargas Llosa no le pesa el Nobel, nunca le pesará. Lo que le pesaba era no tenerlo, pasar años sin conseguirlo, jugar la ruleta absurda que nunca que llega a detonar. Le pesaba, sí, aunque él no dijera que le pesaba, aunque su respuesta a las sucesivas frustraciones fue siempre un puntual recogimiento de hombros, sin palabras. Vargas Llosa no es un hombre al que le guste quejarse. Pero no hace falta. Sus resentimientos, que los ha tenido, siempre se notaron a leguas. De frente y de perfil.
Pero hoy no había lugar para nada de eso. Su gesto era una aceptación tácita que era este el juguete que necesitaba para sosegarse. Hoy tenía humor, hoy era un hombre que se permitía la ironía, la ironía de la que sus grandiosas novelas carecen. “Recibí la noticia a las cinco y de la mañana. Me habló por teléfono un señor cuya voz no entendía muy bien. Pero cuando escuché “swedish academy”, me dije: ajá, aquí hay que parar la oreja”, contó y todo el público se rió con él. El público, por supuesto, era una ensalada total. Esto es Nueva York, el Cervantes está a solo tres cuadras de las Naciones Unidas y nunca faltan los que preguntan sobre el conflicto en Palestina, sobre el futuro de América Latina, sobre la esclavitud en China. Es decir, nunca faltan los que le hacen a Vargas Llosa preguntas del tipo “premio Nobel”. Conciencia del mundo. Reserva moral del planeta. Y eso que lleva menos de un día.
—¿La literatura no les interesa, no? —se queja Patricia, la esposa, en la primera fila y en voz baja.
Pero en la conferencia también hay peruanos. Esos sí son peligrosos. A esos hay que tenerlos a raya. Como mi amigo Sandro Mairata, que se inmoló haciéndole la pregunta que nadie más se iba a atrever a hacer (pero que todos hubiesen querido). “¿Qué tiene que decir sobre García Márquez?” Durante la mañana, habían circulado rumores sobre supuestas palabras de García Marquez, su eterno rival literario. “Cuentas iguales”, habría dicho el colombiano en su Twitter (ya que estamos entre escritores, sería bueno hacer aquí una nota al pie sobre la inverosimilitud de la imagen de Gabo twitteando). ¿Qué tiene que decir sobre Gabo? Hubo un silencio en la sala. “No estamos aquí para hablar de eso. Pero debo decir que me enteré de sus palabras cariñosas y las agradezco”. Punto, siguiente pregunta. Hoy día, todos los fantasmas de Vargas Llosa están bajo control. Pero eso no quiere decir que haya que invitar a Gabo a la fiesta. Tampoco tampoco.
El otro día, en la radio, una especialista en hacer identikits para el FBI contaba cómo la memoria es antojadiza es sus fijaciones. “Es muy probable —le decía al entrevistador— que tú recuerdes muy bien dónde estabas cuando murió la princesa Diana de Gales con lujo de detalles, que incluso recuerdes cómo vestías”. Pues bien, creo que por muchos años recordaremos qué hacíamos este día, cómo nos enteramos, qué bebíamos, qué oíamos en las calles. Qué escenografía nos cobijaba. A mí, me tocó la puerta un amigo colombiano que vive en el piso de arriba, en mi casa de Brooklyn. Abrí. En una mano tenía el New Yorker, que tuvo la amabilidad de recoger para mí. Con la otra mano hizo un intento de abrazo: “Felicidades”. Ambos teníamos sayonaras y pijamas. Ambos estábamos despeinados y teníamos ojeras. Ambos habíamos pasado la noche escribiendo.
Mi primera reacción fue preguntarme por qué me felicitaba. ¿Era algo de lo cual felicitarse? Luego me dije a mí mismo en voz alta. “Tenemos un Nobel de literatura. ¡Un Nobel!”. Entendí que estaba viviendo algo parecido al entusiasmo. Mi amigo colombiano me dijo que en breve el escritor iba a estar en el Cervantes. Nos cambiamos rápido y salimos corriendo. Hacía sol en Nueva York, la línea verde estaba repleta. La sala del Cevantes, también. Vargas Llosa apareció liviano, en traje gris, y dijo: “Este no es solo un triunfo mío, es un triunfo de la lengua castellana y un reconocimiento de la importancia de la literatura Latinoamericana”.
Entonces empecé a entender por qué este día era también importante para mí, para todos los que tratamos de encontrar en la escritura una forma de resistencia. Porque ver a Vargas Llosa ahí sentado es entender también que la única lucha que importa es la que empieza con la primera página en blanco y termina con miles de tachaduras. Me vi adolescente sintiendo piedad por el periodista miope, fascinación por la Barbuda, terror por el perro que mochó a Pichulita Cuéllar, compasión por Varguitas, respeto por el Jaguar. Vi una cabina de radio y un chiquillo que embellecía noticias. Vi a la brasileña. Vi todo eso y recordé un viejo chiste: el del escritor latinoamericano que se despierta a las once de la mañana y se hace una pregunta culposa: ”Qué tarde. ¿Cuántas páginas habrá escrito ya Mario Vargas Llosa?”
La conferencia siguió con su inevitable dosis de política, pero en un punto llegamos al Perú. Porque siempre hay que hablar sobre el Perú, porque ya pasaron esas feas épocas en que el escritor no contestaba a ningún periodista peruano. “¿Qué tiene que decir sobre el Perú?”. Vargas Llosa, sonriente, sacó la capucha que mejor le queda, la de Flaubert.
—El Perú soy yo.
Uno de los mejores ensayos sobre Gustave Flaubert , es el que escribió MVLl: “La orgía perpetua” (1975). A la par que sondea la intensa biografía del novelista que más admira, escruta los entresijos de su más emblemática novela, aquella que –coincidiendo en este juicio con el de muchos otros entendidos-, es la fundadora de la novela moderna. El libro articula una reflexión central sobre el porqué de la escritura de ficciones y el origen de la vocación literaria en las “decepciones radicales de la vida, experiencias que, al enemistarlo con la realidad, le despertaron esa vocación de crear realidades imaginarias”.
Con una predilección por la literatura del autor de Madame Bovary, el escritor peruano nos muestra una mirada bastante crítica sobre la sociedad en sus ensayos, en especial en “La orgia perpetua”, donde explora a fondo las características y artimañas estilísticas de uno de los grandes y hasta fundadores de la literatura moderna, Gustave Flaubert. Lo interesante que rescata Vargas Llosa es la capacidad de generar una prosa excepcional pero que en donde su materia prima fuera, sin duda alimentada por el dolor y la desesperación, porque así como dicen que donde duele inspira.

lunes, 11 de octubre de 2010

Toma tu premio

 

 Garcia Marquez se dirigió a Vargas Llosa con los brazos abiertos. ¡Mario...! Fue lo que alcanzó a decir porque Vargas Llosa lo recibió con un golpe seco que lo tiró sobre la alfombra con el rostro bañado en sangre. El colombiano no lo vio venir, pero después entendió que era el comienzo de una larga disputa.

El idilio amistoso y creativo se fue al traste con un certero puñetazo en el ojo del colombiano durante un estreno cinematográfico. Los dos silencian. Pero treinta años después, sigue cada uno en su esquina del cuadrilátero de la eterna hostilidad, con los brazos cada vez menos firmes para el derechazo y con menos argumentos para levantarlos.

Las desavenencias entre Mario Vargas Llosa y su segunda esposa, su prima, Patricia Llosa, tuvieron la culpa del enfrentamiento. Según el fotógrafo mexicano Rodrigo Moya, "mientras ambas parejas vivían en París, los García Márquez habían tratado de mediar en los disturbios conyugales" del autor peruano y su mujer "acogiendo" las confidencias de aquél. Cuando los Vargas Llosa se reconciliaron él supo que sus secretos se habían revelado y se sintió "gravemente ofendido".

En su libro de memorias "Siempre un extraño", el periodista dejó entrever que entre los motivos estuvieron los celos, por unos supuestos consejos que había dado "Gabo" a Patricia cuando esta tenía problemas conyugales. Y a pesar de que se pensaba que no existía ninguna evidencia del incidente, más allá de los testimonios difusos y confusos, hace tres años el fotógrafo Rodrigo Moya publicó en México dos fotografías en las que se ve a García Márquez con los efectos del golpe recibido. En esas tomas, aparecidas en el diario La Jornada cuando "Gabo" cumplió 80 años, se ve al autor de "Cien años de soledad" con el ojo izquierdo amoratado.

Moya, fotógrafo mexicano de origen colombiano, señaló que tomó la imagen el 14 de febrero de 1976, dos días después del puñetazo, porque García Márquez "quería una constancia de aquella agresión". Recordó que le preguntó al escritor qué había pasado y éste fue "evasivo" y "atribuyó la agresión a las diferencias" que ya eran insalvables en la medida que el autor peruano "se sumaba a ritmo acelerado al pensamiento de derecha".

Pero fue Mercedes Barcha, la esposa de "Gabo", quien hizo un comentario más elocuente: "Es que Mario es un celoso estúpido, repitió Mercedes varias veces, cuando la sesión fotográfica había devenido en charla o chisme", según Moya.

Hace dos años, Vargas Llosa volvió a ratificar que tiene "un pacto tácito" para no hablar sobre García Márquez, con la intención de "darle trabajo a los biógrafos".

"Que los biógrafos averigüen, que ellos descubran, que digan que pasó", señaló al ser preguntado por las causas del incidente que le puso fin a una de las amistades más memorables de las letras hispanoamericanas.

Sin embargo, ahora el Premio Nobel ha confirmado que, más allá de las discrepancias, sus vidas y sus carreras siempre confluyen y se mantienen unidas, desde su lejana juventud de afanes literarios. Ahora consagrados y juntos, para siempre, en el parnaso de la literatura universal.



viernes, 17 de septiembre de 2010

Bien Abajo Y Con Tierra Encima



Los medios de comunicación determinan, sin duda, el destino de una persona. El caso de Abimael es un claro ejemplo. Siendo tal aseisno y genocida intelectual, la necesidad del gobierno de tratar de borrar casi toda la información personal  y profesional de este individuo fue necesaria para poder empezar a olvidarlo.
 Si pensamos en un Abimael al cual le hayan dejado seguir escribiendo y enamorando los corazones jóvenes de los  universitarios con ideas marxistas y románticas sobre revolución, otra hubiera sido la historia y ahora podría hablarse de una verdadera reorganización senderista y no las especulaciones de políticos y los medios que sensacionalizan prácticamente todo. Estos se han encargado que la nueva generación esta que si vivió el terrorismo en los finales del ochenta y principios de los noventa sepa de antemano el potencial destructivo y terrorífico de sendero luminoso y de Abimael Guzmán como cabeza del mismísimo diablo rojo del comunismo.
La cárcel que encierra a Abimael fue construida especialmente para él, por un arquitecto alemán traído por el mismo Vladimiro Montesinos,  y es la más segura del mundo. Para fugarse Guzmán tendría que atravesar  paredes de cuarenta  centímetros de espesor hechas de concreto  resistente a explosivos, puertas metálicas custodiadas de un muro de ocho  metros de alto con alambres de púas y vigilados por varias torres. El perímetro exterior esta resguardado por un cuarto minado, si consiguiese atravesarlo aun le quedaría doscientos metros de pantano hasta el mar, si avanzase en la dirección contraria se encontraría en plena base naval del callao. A su cerca de ochenta  años y con problemas de presión arterial es poco probable que lo intente.
Guzmán  solamente recibe visitas esporádicas de la cruz roja y de su abogado, en 1980 declaro una guerra contra el estado peruano que duro más de diez años, con un saldo de 69 280 muertos y desaparecidos. Aparte de eso poco o nada se sabe de él. Fuera del Perú ni si quiera se recuerda que hubo una guerra y dentro del país no circula ninguna biografía de Guzmán,  y tampoco hay demasiados testigos dispuestos a declarar. Quienes lo conocieron antes de la clandestinidad prefieren que no se lo relacione con su figura el resto de su vida lo ha pasado rodeado de muy pocas personas, sobre todo senderistas o policías y la mayoría de ellos se niega o tienen prohibido hacer declaraciones públicas al respecto.

El Gran Objetivo "De Alimentar Al Pais"


El mundo de Dionisio Jr. es uno de derivados y futuros, deudas y emisión de bonos, e incertidumbre mundial por el alza de precios de commodities como el trigo, el aceite y los combustibles.
Todo empezó con la exportación de sombreros de paja toquilla a Panamá 120 años atrás. Desde entonces el negocio ganó en complejidad y dimensión, aunque siempre hilando fino. Hoy el Grupo Romero es uno de los diez consorcios más grandes del país y líder en áreas estratégicas como logística marítima, agroindustria, textiles y electrodomésticos.
“Venimos creciendo de manera importante”, afirma Dionisio Romero Paoletti, 43, presidente del Directorio del Grupo Romero, consorcio peruano dueño de 25 empresas de manufactura, comercio y servicios logísticos, entre los cuales destaca Alicorp.
El primer semestre del presente año, la empresa reportó ventas netas por S/. 1,670 millones, un 33% de crecimiento con respecto al mismo periodo el 2007. Alicorp es fabricante masivo de tallarines, aceites, mantecas, mayonesas, detergentes y jabones, de las más diversas marcas, así como el principal proveedor de harina para la producción de pan del país.
Muchos de los productos son elementos claves de la canasta básica familiar, y las ventas de Alicorp son espejo del crecimiento en el consumo nacional y reflejo de la inflación.
Dionisio Romero Paoletti conoce la planta de Alicorp como la palma de su mano, perito él en pastas, en mayonesas, y hasta en el punto justo –“para que se disuelva en la boca”– del cacao.
El hangar de la empresa Alicorp está lleno de bote a bote. Miles de paquetes codificados descansan en anaqueles perfectamente alineados. Pequeños montacargas eléctricos circulan entre altos callejones, trasladan bultos al punto de despacho, en silencioso hormigueo. La dinámica del hangar responde al pulso diario de la economía mundial. Al trepidante pulso habría que añadir.
La fábrica ubicada en la Av. Argentina es una pequeña urbe dentro del Callao, con avenidas, bermas centrales y palmeras norteñas que son el sello distintivo del Grupo Romero. Enormes trailers circulan por el interior, las líneas de producción operan de manera automatizada, en ambientes esterilizados, con el personal enfundado en mandiles blancos, ajenos al traqueteo ensordecedor al otro lado de los altos muros.
El joven lleva la batuta del Grupo Romero desde el 2001, “nombrado por mi padre y mis tíos”. Se trata de una larga línea de sucesión. Dionisio Jr. sucede a Dionisio Romero Seminario padre, y éste a Dionisio Romero Iturrospe, hijo de Calixto Romero Hernández. Aquel fue un empeñoso español de prominente quijada, que sentó sus reales en Catacaos, Piura, en 1888.
La familia se encargó de adiestrarlo para la difícil tarea. Estudió en el colegio Roosevelt de Lima y sacó su bachillerato en la prestigiosa Universidad de Brown, New Haven, EE.UU. Hizo turnos nocturnos en la fábrica de Lima y “cometí todos los errores habidos y por haber” como subgerente de Interoceánica de Comercio, cuando aún tenía una melena larga y cierto parecido al actor Dustin Hoffman de joven.
El Directorio del Grupo Romero presidido por Dionisio Jr. está integrado por cinco primos –Luis Romero Belismelis y José Antonio Onrubia Holder, entre otros– y tres directores representantes de las AFPs, socias del consorcio con más de un tercio de las acciones, y grandes consumidores de bonos.
En efecto, en el último lustro el Grupo Romero apretó el paso, consolidando sus actividades en rubros de mayor valor agregado dentro y fuera del país. En los últimos nueve meses, sólo Alicorp invirtió cerca de US$ 80 millones en la compra de la fábrica de detergentes The Value Brand de Argentina, Productos Personales S.A (Propensa) en Colombia, y la empresa de helados Eskimo en Ecuador.
En junio, a través de Primax, desembolsó US$ 47 millones por la participación de Repsol en Ecuador, quienes liaron bártulos dejando 123 estaciones de servicio y lubricantes al mejor postor. Del mismo calibre es la inversión este año en el sector pesquero, con la compra de dos pesqueras adicionales, a través de Pesquera Giuliana.

Un salto audaz se dió en el 2004, cuando Romero Trading se asoció con ENAP de Chile y compra las estaciones de Shell Perú, eventualmente, Primax S.A. El 2005 adquieren Sitel, empresa de telecomunicaciones. El 2006, el 30% de las acciones de Ambev Perú y consolidan los proyectos de biogas y biodiesel. El año pasado completan la adquisición de Digital Way S.A., empresa de telecomunicaciones proveedora de servicios de conectividad inalámbrica de Banda Ancha.
El Proyecto Vicus, que en el 2010 logrará una línea genética más productiva y resistente de algodón Pyma, ya está en el partidor, así como la propuesta para construir dos nuevos puertos, el granelero y de contenedores, en la bahía de Ancón, y de minerales en Végueta, en el Norte chico. Cada uno de los proyectos es del orden de los US$ 100 millones como mínimo.
Así mismo, empieza a desmarcarse del tradicional perfil bajo de su padre, y ya es un colaborador frecuente de las páginas editoriales de los diarios locales, en donde publica sus puntos de vista sobre el desarrollo nacional con calculado pluralismo.